24.1.17

Lenga d'òc

Lenga d'òc

Por Edgardo Civallero

Los siguientes párrafos han sido traducidos del libro "L'occitan sans peine", uno de los volúmenes del método de aprendizaje de idiomas Assimil perteneciente a la serie francesa de "lenguas regionales" (en la que también se incluyen el corso y el bretón). El libro fue escrito por Alain Nouvel (director de investigaciones en la Universidad de Constantine, secretario adjunto de defensa y promoción de las lenguas de Francia) y publicado por Assimil en 1975 en Chennevières sur Marne, Francia.

El extracto es parte del prefacio de la obra, escrito por Charles Camproux, a la sazón profesor en la Universidad de Montpellier, director de la Revue des Langues Romanes y vicepresidente del Institut d'Etudes Occitanes. El texto muestra rasgos de un discurso demasiado extendido entre aquellos que buscan rescatar lenguas "minoritarias" y en peligro de desaparición y que, para apoyarlas, utilizan argumentos discutibles.

* * *

¿Qué es el occitano?

Es la lengua hablada por cerca de 15 millones de franceses en 34 departamentos situados al sur del Loira: Pirineos Atlánticos (salvo el País Vasco), Altos Pirineos, Gers, Landes, Gironda y Lot y Garona; Tarn y Garona, Alto Garona, Ariège; una parte de los Pirineos Orientales; Aude, Hérault, Tarn, Aveyron, Lot; Dordoña, Corrèze, Alto Vienne; una parte de Charente, más de la mitad de Creuse, Puy-de-Dôme, una parte de Allier (alrededor de Gannat); el sudoeste de Loira, Lozère, Gard, Ardecha; el sudeste de Isère; Drôme (excepto el norte); los Altos Alpes, los Bajos Alpes, Vaucluse, Bocas del Ródano, Var, los Alpes Marítimos; el Valle de Arán y los altos valles alpinos de Italia.

Cuantitativamente, se trata pues de una de las grandes lenguas del mundo; incluso puede hablarse de la mayor lengua no oficial de Europa.

Cualitativamente, es muy interesante por dos razones:

(a) Fue la lengua cultural de Europa durante dos siglos, en la época de los trovadores. Los literatos de entonces hablaban occitano en España, en Italia, en Inglaterra (Ricardo Corazón de León escribió poemas en langue d'oc), y hasta en Europa central. Asimismo, en el siglo XIV fue, junto al latín, la lengua del Papado, con sede entonces en Aviñón.

(b) Desde un punto de vista puramente lingüístico, provoca la admiración de los lingüistas del mundo entero a causa de su riqueza y de sus orígenes.

Su riqueza es excepcional: actualmente cuenta con unas 160.000 palabras, aunque aún no se han relevado todos sus vocablos. Comparativamente, el diccionario de la lengua francesa de Littré cuenta con unos 38.000 términos. Por el número de palabras, el occitano puede considerarse la primera lengua del mundo. ¡Y pensar que algunos ignorantes afirman que "no se puede decir todo en occitano" porque "la langue d'oc es demasiado pobre"! De hecho, mediante un sistema de sufijos, permite matizar sus expresiones con mucha más precisión que las otras lenguas. Cada palabra puede ir cargada de afecto, de desdén, etc. Cualquier occitano os dirá que "se dicen mejor las cosas en patois que en francés", el cual es una lengua bella, pero menos matizada y menos rica.

En fin, por sus múltiples orígenes, presenta un interés excepcional.

En efecto, a pesar de que el occitano sea una lengua considerada como de origen latino, es mucho más que eso. Ha conservado restos considerables de lenguas habladas en nuestra tierra en épocas pre-latinas.

Hacia el siglo V, los galos formaron la última ola céltica, que penetró al sur del Loira. El occitano conserva trazas del celta en su vocabulario: términos como bana, "cuerno", bragas, "pantalones", camin, "camino", comba, "depresión", alausa, "alondra", etc. se remontan a aquella época.

Pero contrariamente a lo que nos han enseñado, los galos no son nuestros ancestros. No fueron más que un pueblo invasor llegado para injertarse, en números relativamente reducidos, sobre un sustrato de poblaciones pre-galas y pre-célticas, también llamadas pre-indoeuropeas.

[...]

Lamentamos constatar que aún nos encontramos sometidos a una mezcla de intolerancia, ignorancia y necedad. Como cuando en toda la Occitania (y en Bretaña, y en el País Vasco, etc.) circulaba la famosa señal, un pedazo de hierro o de madera que los alumnos se pasaban el uno al otro cada vez que pronunciaban una palabra en patois; el último en tenerlo en su poder era severamente castigado. ¿Dónde estaba la "dulce Francia" para esos occitanos violentados, oprimidos, ridiculizados?

Mientras el occitano era perseguido en el Mediodía francés, era enseñado en el mundo entero, en Alemania, en Italia, etc. e incluso en Japón (paradoja que aún continúa).

Antes de emprender el estudio del occitano, es pues necesario deshacerse de esos prejuicios inculcados desde la escuela primaria. Desterrad de una vez por todas la palabra patois: es un término derogatorio creado por los enemigos de las lenguas "regionales" que ignoran hasta los rudimentos más básicos de la lingüística.

* * *

La presión sufrida por las lenguas "minoritarias" o "regionales" (tildadas de "dialectos", "jergas", "patois" y muchas otras formas de desprecio y ninguneo) es innegable, tanto en Europa como en el resto del mundo. Y es absolutamente condenable. Lo mismo que el trato que han recibido y aún reciben sus hablantes, cultores y estudiosos.

Sin embargo, no dejo de preguntarme hasta qué punto hace falta buscar "razones" para indicar la importancia de una lengua: eso es entrar en la lógica y en el discurso del opresor, es prestarse a sus enfermizas reglas de juego, es permitirle seguir presionando y dominando la escena. Una lengua es importante por el mero y simple hecho de ser una lengua: el medio de expresión de un grupo de personas.

Por ende, para señalar la necesidad de su conservación y práctica, ni su historia (¿qué ocurre con las lenguas cuya historia no se remonte a los trovadores o los reyes del Medievo? ¿Acaso merecen el olvido?), ni su número de hablantes (¿qué ocurre con esas que aún sobreviven en la boca de un puñado de ancianos?), ni la extensión o la riqueza de su vocabulario (¿qué hacemos con aquellas de las cuales solo se conserva un volumen reducido de su léxico original?), ni las personalidades que la han usado o el volumen de su producción editorial (en ambos casos, las lenguas indígenas sudamericanas merecerían el exterminio...), deberían esgrimirse como arma.

Tampoco debería entrarse en comparaciones odiosas –es necesario preservar esta lengua porque es más dulce, más bella, más importante o mejor que...– porque los criterios para semejantes acciones siempre son subjetivos y suelen funcionar como una navaja de doble filo, volviéndose en contra del emisor de tales opiniones, especialmente si la comparación se realiza con una lengua mayoritaria.

Por último, echar la culpa de la exclusión, el escarnio o la desaparición de un idioma a otro –concretamente, a uno mayoritario– es un craso error. Una lengua mayoritaria es tan importante y tan valiosa como una minoritaria: es el medio de expresión de un grupo de personas, el sostén de las memorias de sus antepasados, el hilo con el que tejen sus recuerdos y sus emociones... Esas lenguas –de mayorías, oficiales o "de prestigio"– no nacieron como tales: fueron elevadas a ese rango. Fueron convertidas en un mazo y en un cuchillo, para demoler idiomas ajenos, para asesinar los recuerdos y las memorias de otros. La culpa, pues, no la tiene la lengua: la culpa la tiene la mano que la enarbola como un arma y empuja a los demás a sentirla como tal.

Sobre el occitano o lenga d'óc, cabe añadir que es una lengua romance, hablada en el sur de Francia, algunos valles de Italia, Mónaco y el Val d'Aran, en España. Algunos investigadores ponen en duda la unidad del idioma, y creen que se trata de una macro-lengua o una familia de lenguas. Su nombre deriva de la palabra "sí" ("òc") y marca la diferencia con las lenguas de "oïl" del norte de Francia (entre las cuales se encuentra el antecesor del actual francés oficial). No hay una forma de escritura común para todas las variantes (auvernés, limosín, provenzal alpino, gascón, languedociano y provenzal), las cuales tienen diferencias tanto de pronunciación como de vocabulario.

Lamentablemente, de acuerdo al Libro Rojo de la UNESCO todas las variantes del occitano se encuentran en severo peligro de extinción. Triste destino para la lengua de los trovadores. Y para cualquier otra.