24.4.17

No delegar y reconocerse en la misma necesidad

No delegar y reconocerse en la misma necesidad

Por Sara Plaza

Los párrafos que siguen son un extracto de la trascripción del programa 275 de Carne Cruda, emitido el pasado 7 de marzo, titulado "Antonio Orihuela: la voz del extremo". En él Javier Gallego y Rocío Gómez entrevistan al poeta y ensayista libertario, creador hace casi veinte años del festival Voces del Extremo (y posteriormente del blog del mismo nombre), que acaba de publicar Diario del cuidado de los enjambres (Enclave, 2016). A lo largo de la entrevista se recogen algunas citas del libro y van apareciendo numerosos asuntos además de la poesía y la escritura, como son el capitalismo, el anarquismo, la democracia realmente existente, el Estado del Bienestar, el Estado de Derecho, el 15-M, la disolución de "Juventud sin futuro", la aparición de Podemos, el tejido social, el fascismo, los medios de comunicación, las figuras de Epicuro y de Juan Ramón Jiménez, los afectos, la necesidad de recocerse, de recuperar el tiempo... La trascripción completa puede descargarse aquí.

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La poesía es un incendio,
por eso no da para vivir,
da para arder.
No escribas
arde en ella.

Javier Gallego [J.G.]: ¿Cómo se arde en la poesía?

Antonio Orihuela [A.O.]: Se arde, yo creo que por combustión instantánea. Se arde con la mirada, se arde con la indignación, se arde con el deseo, con la utopía, con la disidencia... Lo importante es separarse de la corriente de lo que aparentemente nos rodea, a lo que nos hemos habituado... Es esperar lo excepcional a tu alrededor... Ahí arde la poesía.

J.G.: ¿Y qué es lo que te arde a ti por dentro?

A.O.: Bueno, pues me arde escucharte, me arde esta sociedad pacata, miedosa... Me arde un sistema político perverso para con los de abajo. Me arde también la propia incapacidad de los de abajo para reconocerse, para construirse colectivamente.

J.G.: ¿Y tiene capacidad la poesía para quemar ese sistema y para hacernos arder, para incendiarnos?

A.O.: Sí, sí tiene capacidad. Tiene capacidad para eso y para mucho más. Yo creo que por eso la poesía prácticamente vive en las catacumbas. No hay ningún interés en rescatar estos discursos. Tú mismo, hace un momento [se refiere a los minutos iniciales del programa] hablabas de todo este aparato de represión que se cierne sobre la cultura crítica en nuestro país, y que tú has padecido a lo largo de tu trayectoria profesional también. Entonces, yo creo que sí, que la poesía tiene esa capacidad de convulsionar, de transformar, de modificar. Porque lo hace con uno cuando la escribe y lo hace con los demás cuando la leen. El problema es establecer esa comunicación con los otros en medio del ruido gigantesco y atroz que nos rodea.

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J.G.: Dices que tu libro es la antítesis de la La fábula de las abejas, de Bernard Mandeville, [La fábula de las abejas: los vicios privados hacen la prosperidad pública, S.L. Fondo de Cultura Económica de España, 2004]. ¿Qué defendía ésta y por qué lo tuyo es lo contrario?

A.O.: Bueno, Mandeville lo que viene a defender es la lógica del capitalismo, la lógica de la sociedad en que vivimos.

J.G.: El vicio como motor del capital.

A.O.: Sí, sí, sí.

J.G.: Lo reconoce abiertamente, sin tapujos.

A.O.: Sí, sí. El vicio y la corrupción él dice que eso es fabuloso, que eso es lo que realmente pone en movimiento el capital, lo que pone en movimiento la riqueza... y que una sociedad depravada es el ideal de una sociedad capitalista, porque es donde se mueven los negocios.

J.G.: Y a esto tú contrapones otra fábula de las abejas.

A.O.: Sí, la otra fábula es la fábula de ese enjambre, amorfo, que decide que tiene que volar, que tiene que escapar de esa colmena ordenada, rígida, estructurada, mafiosa, en la que por desgracia... y que además de forma tan inconsciente también estamos destruyendo. Y, bueno, pues lanzarse a ese horizonte utópico donde está la última posibilidad para continuar queriéndonos, cuidándonos, y tratando de no perder nuestra humanidad.

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Rocío Gómez [R.G.]: Experiencias y lecturas que te van zumbando en la cabeza. Tú también citas a Epicuro cuando dices "vive oculto". ¿Hay que vivir al margen, escondido, para que el sistema no nos vea?

A.O.: Mas que para que no nos vea, es que el trato con él solo se puede hacer desde sus códigos. Y yo creo que ahí la batalla está perdida. Yo creo que hay que evitar intentar, de alguna manera, que él te escuche, que él te abra espacios... porque, finalmente, lo que hace es como un agujero negro donde terminas deglutido por él.

J.G.: Sí. De hecho, hay un momento en el que dices mata hippies y luego los venera.

A.O.: Eso es. Primero los mato y después los vendo como otra mercancía más. En ese sentido entiendo ese planteamiento de Epicuro como "hay que vivir fuera de esos imaginarios": el imaginario del éxito, el imaginario de esa perspectiva espectacular que te puede ofrecer esa visibilidad. Yo creo que hay que renunciar a todo eso, porque desde ahí, finalmente, lo que terminas es tú adaptando tu discurso, y terminas cooptado por las propias formas, por el propio discurso del propio medio.

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J.G.: Contra la lógica del Estado y de la democracia tal y como nos la han vendido, lanza aguijonazos profundos y certeros Antonio Orihuela en el Diario del cuidado de los enjambres.

El lobo come ovejas, el pastor come ovejas, ¿se puede aprender algo, ovejas?

J.G.: Frente a la fábula de las abejas de Mandeville está la fábula de las ovejas de Antonio Orihuela, en la que nosotros, evidentemente, somos las ovejas. Pero, ¿quién es el lobo y quién el pastor, Antonio?

A.O.: El lobo está claro.

J.G.: Y el pastor, ¿quién? ¿No lo está tanto?

A.O.: El pastor es el que nosotros pensamos que es el pastor pero que en realidad es otro tipo de lobo.

J.G.: ... con piel de cordero. ¿Y qué se puede aprender como ovejas de esta fábula?

A.O.: Yo creo que deberíamos aprender responsabilidad, autonomía, autogestión. Deberíamos querer tomar las riendas de nuestra propia vida, dejar de delegar en estos personajes llamados políticos.

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R.G.: España ha sido una de las cunas del anarquismo pero esa memoria se ha sepultado. ¿Quién la ha sepultado y por qué?

A.O.: Lógicamente el discurso del poder, el discurso hegemónico... Es muy significativo... hay dos acontecimientos históricos a nivel mundial que nadie fuera de este país duda en adjudicárselos a España: el descubrimiento del nuevo mundo y el desarrollo de la filosofía y de las prácticas libertarias en el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, esta segunda parte se oculta sistemáticamente. No está en los libros, no está en ningún sitio, no hay mayor interés por recuperar esa parte de nuestra historia. Y es muy significativo porque fuera de nuestras fronteras, si algo interesa en otros países cuando sales de España es precisamente las experiencias en el campo libertario que tuvieron lugar durante la guerra, incluso también toda la experiencia cultural del anarquismo en el siglo XIX y principios de los años 20. Todo ese mundo tiene un interés tremendo, pero fuera de nuestras fronteras, aquí dentro no.

J.G.: Bueno, tiene una razón muy evidente, aquí los que finalmente acaban triunfando son los fascismos, y no interesa para nada que se recupere esa memoria olvidada de los extremos.

A.O.: Desde luego.

J.G.: Contra ese discurso hegemónico y centralista que olvida y sepulta estos extremos, hace ya 20 años que Antonio Orihuela prendió la mecha de un festival periférico y radical, Voces del Extremo, que también es un blog, y que ha terminado siendo, ya lo hemos dicho, un disco de Niño de Elche. [...] "Estrategias de distracción" se llama este tema de Voces del Extremo, el disco en el que Niño de Elche musicó a los poetas de la conciencia. ¿Los medios de comunicación juegan un papel importante en esa distracción y esa parálisis en la que vivimos?

A.O.: Por supuesto. Yo creo que son los principales culpables. Si se abriera una espita como esta que tenéis aquí, si esto se hiciera viral, se hiciera masivo, se pudiera extender con la fuerza, con la potencia que tienen los medios de comunicación del poder, hegemónicos, yo creo que tendríamos otra ciudadanía muy distinta.

J.G.: Bueno, nosotros no nos conformamos y seguimos zumbando a ver si ese zumbido se sigue extendiendo.

R.G.: ... como Voces del Extremo, que nació en Moguer, localidad que compartes con Juan Ramón Jiménez. ¿También él era una voz del extremo en el 36, en aquellos años?

A.O.: Sin duda, sin duda, Juan Ramón lo fue. Lo único que, por desgracia, esa parte, él mismo lo decía en un texto suyo... dice: soy conocido solo en parte y siempre de la misma parte. Juan Ramón tiene un libro muy recomendable que es Guerra en España, y es una voz crítica, una voz que se adelanta también a su tiempo en cuestiones como, por ejemplo, la ecología. Él hace una primera visita a Nueva York en el año 1917, y cuando vuelve en el 36 se queda asustado de lo que ha evolucionado para peor la ciudad, de los problemas que tiene de contaminación, de residuos, de deshechos, y hace ya vaticinios de que por esa senda el capitalismo tiene los días contados. Son textos muy bonitos los que plantea Juan Ramón ahí en Guerra en España; y también hablando de la propia necesidad de cambio, de reformas sociales; y además es un antifascista convencido. De hecho el murió en el exilio, no quiso volver.

J.G.: Sin embargo, siempre se lo vende solo como el poeta puro, el de la rosa.

A.O.: Insisto en la idea que construyó el franquismo de Juan Ramón, y que por desgracia nadie aquí ha tratado de cambiar. Una vez más, cómo los aparatos ideológicos del Estado, con la universidad en cabeza, pues son capaces de ocultar aquellos aspectos que al discurso del poder no le interesan tanto, y promocionar otros que son más light, más neutros, más puramente estéticos.

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J.G.: No necesitamos muchas cosas para vivir, como vocea el capitalismo, dice Antonio Orihuela, necesitamos mucho tiempo para el ocio, para convivir, para disfrutar de los demás, para entregarnos, para cuidar y ser cuidados, para decrecer, para que la razón tenga alguna oportunidad, para amar y amarnos. ¿La revolución pasa por recuperar nuestro tiempo?

A.O.: Sí. Sí porque lo primero que el capital hace es robarnos la vida. Entonces recuperar tiempo ya es convertirse en un anticapitalista.

J.G.: Pues nosotros hoy hemos recuperado mucho tiempo, creo, tiempo perdido...

R.G.: ... y vida.

J.G.: Y nos vamos a dar algo más de tiempo para escuchar un último zumbido del enjambre de versos de Antonio Orihuela.

Seguimos en la brecha,
seguimos en la lucha,
la derrota cada vez está más cerca,
venceremos perdiendo,

batalla tras batalla,

venceremos perdiendo,
cuida tus alas

Para seguir leyendo: "Conversaciones sobre la poesía crítica en tiempos de espectacularización". Entrevista de Rubén Caravaca a Antonio Orihuela y Alberto García-Teresa en la que se aborda el presente de la poesía y la necesidad de escribir con conciencia en un momento de "alienación" y "buenismo socialdemócrata". Publicada en el diario La Marea el 7 de febrero de 2015.

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